domingo, 28 de agosto de 2016

La casa encantada

La casa encantada

Había una vez una niña a la que le gustaban las historias de miedo. Tenía muchos libros con historias espeluznantes, todos compradas con sus propinas, ya que a sus padres no les gustaba ese tema, por lo que se negaban a comprarle sus libros preferidos.

Un día que toda la familia iba de paseo, la niña descubrió en el escaparate de una juguetería una hermosa casa encantada, de papel, para recortar y montar manualmente. En el fondo de la buhardilla, se escondía un fantasma, otro en la puerta de la entrada daba la bienvenida. En una de las habitaciones había un ataúd y un vampiro junto a él. En la otra, yacía Frankenstein. Todas las habitaciones estaban habitadas por algún ser terrorífico, todas excepto una.

Era una casa que realmente daba miedo, era... espeluznantemente hermosa. O al menos eso pensaba la niña.

Por desgracia sus padres no coincidían con ella. Les pareció que era algo horrible. La niña intentó convencerles de que se la compraran, lloró, suplicó y rogó pero todo fue en vano. Como último recurso, utilizó la proximidad de su cumpleaños, pero esto tampoco convenció a sus padres.

Toda la familia quedó destrozada por la discusión, la niña por no conseguir lo que quería y sus padres porque no entendían esa obsesión de su hija... Todos juntos, volvieron a casa.

Pasado un mes, la niña había reunido suficiente dinero como para comprar la mansión encantada de papel. Nada más salir de la escuela, sin decir nada a nadie, se dirigió a la jugueteria en la que vio la casa. Afortunadamente aún quedaba la del escaparate. La niña pagó y se fue muy contenta, pensando en lo bien que quedaría en su estantería.

Pero toda su felicidad se esfumó al llegar a casa, pues a sus padres no les agradó la idea de que hubiese comprado la mansión sin su permiso. No es un juguete para tu edad, es algo horrible y espeluznante, estás obsesionada, le había dicho su padre. Finalmente su madre alegó que se fuera castigada a su habitación y que si tanto le gustaba su casa encantada que se quedara a vivir en ella.

A la hora de la cena, la madre de la niña llamó a la puerta y dijo con ánimo de hacer las paces:
- ¿Todavía estás enfadada?
Nadie contestó.
-¿Vamos? Contesta... Sabes que no lo he dicho en serio. ¡Quédate con la casa encantada si tanto te gusta!
Tampoco obtuvo contestación.
-Bueno... te dejo la cena junto a la puerta.

A la mañana siguiente, que era sábado y no había colegio la madre descubrió asombrada que la bandeja con la comida estaba intacta. Después de llamar a la puerta entró en la habitación de la niña. La madre descubrió con asombro que... ¡no había dormido en su cama! Todo estaba tal y como la había dejado ella la mañana anterior.

Entonces, su mirada fue a dar con la casa encantada, y recordó un extraño sueño. Su hija le había dicho que iba a vivir en la mansión con el resto de los seres terroríficos. Le recorrió un escalofrío por la espalda al recordar su horrible pesadilla.

Con un poco de miedo abrió cada puerta y ventana de la casa. Miró en todas las habitaciones. No había rastro de la niña. Solo quedaba la buhardilla... con aquel fantasma en su interior.

Y fue allí, junto al fantasma, donde encontró una figura, una pequeña silueta también de papel, que era el retrato de su hija.

Al principio pensó que sería una broma de ella, pero enseguida desechó la idea. Llamó a la policía pero... a pesar de sus investigaciones no había ni rastro de la niña... no pudieron encontrarla.

Pasados algunos días, la madre vio en la habitación vacía de la casa encantada un cuarto exacto al de su hija, pero en papel. Su niña, esa figurita de papel que había encontrado días antes en la buhardilla de la mansión, enseñaba ahora su habitación al igual que lo hacían el resto de los fantasmas.

La mujer pegó un grito que quedó ahogado en su propia tristeza.

Fin...
O quizás no.




































Fotografías Juanichi Marin
Edición fotografía Juanichi Marin
Cuento la casa encantada, autor desconocido, fuente del blog volviendoafantasia

4 comentarios:

Melmoth el errabundo dijo...

Nuestras vidas se desenvuelven en paisajes asépticos y fuertemente marcados por lo artificial y con el único objetivo de consumir. Ahí tenemos los centros comerciales, los parques temáticos y los centros de la ciudad repletos de escaparates fuertemente luminosos. Sin embargo nos vemos en los cristales de la calle como borrosos, lentos fantasmas, pálidos entes de dudosa existencia, de supuesta verdad, nos vemos en hipótesis, vivimos en hipótesis, sin conseguir pasar del estado hipotético, en el fondo no creemos estar vivos porque el tiempo nos borra de continuo, nos sustituye y traspapela. Decía García Márquez: "No hay fantasmas, solo gente que no es real". Con esto quiero decir que me encantan las casas encantadas, los pueblos fantasmas y los cementerios abandonados. Son en esos lugares donde uno se siente más próximo con otro tipo de realidad más primigenia. Creo que lo paranormal, los fantasmas, no es más que una serie de preguntas sobre lo que ocurre en el interior de nuestras mentes. Lo paranormal es lo que no entendemos, nuestro límite, y los fantasmas somos nosotros.

Excelente reportaje fotográfico con historia incluida.

Un cordial saludo.

Juanichi Marin dijo...

Muchas gracias Melmoth el errabundo, que te guste el reportaje, la historia puedes verla en el blog volviendoafantasia

Jordi Vall dijo...

muy buen trabajo juanichi!!!
Un saludo
Jordi Vall
Recuerdo Abandonado

Juanichi Marin dijo...

Muchas gracias Jordi, por pasarte y comentar
un saludo