jueves, 31 de agosto de 2017

La casa de María Rosa


Cuento, la casa de María Rosa

Hacia los años 70 vivía un matrimonio ya muy ancianos en esta casa. El marido siempre estaba enfermo y su mujer María Rosa para alegrarle un poco le cantaba siempre una canción.

Una mañana se levantó María Rosa y fue a despertar a su marido, acariciándole las manos como todas las mañanas, noto que sus manos estaban frías y sucias. Cuando salio al jardín para pedir auxilio vio un gran sillón de piedra como si fuera para una reina, fue el regalo que le dejo su marido antes de fallecer.

María Rosa se quedo sola. Ella era una mujer menudita y al verse sola entró en una gran depresión. Siempre tenía los ojos tristes, vestía de negro y pocas veces tenía una sonrisa en la boca, siempre recordando a su marido, el amor de su vida y la única familia que tenia. Siempre se sentaba sola en el gran sillón de piedra del jardín que hizo su marido para ella y recordaba los días felices que tuvieron a lo largo de su vida juntos mirando fotos antiguas, solo pensaba que si desaparecía ahora mismo nadie se daría cuenta de su muerte.

Una noche cuando estaba en un profundo sueño, le aparecieron unas personas diminutas alrededor de su cama, la cogieron de la mano acompañándola al jardín y allí le dieron unas herramientas y le explicaron lo que tenia que hacer. Estuvieron toda la noche trabajando.

Al día siguiente, María Rosa se despertó y miro sus manos estaban manchadas y con pequeños cortes. Recordó que fue de esa manera como encontró a su marido muerto. Se aseó, desayunó y salió al jardín se encontró unas figuritas de enanitos en la pared principal de la casa, tal fue el susto al ver aquellas figuras que cogió un martillo para quitar aquellas figuritas, y cada vez que golpeaba una de ellas salían gotas de sangres, y paró en su empeño de quitarlas.

Mirándolas bien parecían que tenían vida.

El día transcurrió con normalidad, ella se encontraba muy cansada esa noche.

Se fue a costar temprano.

Esa noche volvió a suceder lo mismo, las figuritas se acercaron a ella y muy suavemente la cogieron de la mano, la acompañaron al jardín y volvieron a ofrecerle las herramientas y entre todos decoraron una de las paredes con el nombre de ella.

Ese día cuando se despertó y vio que sus pies y manos que estaban manchadas.

Salió al jardín.

Vio su nombre en la pared. Solo pensaba quien podía ser la persona que estaba haciendo aquello en su casa y la estaba dejando tan hermosa.

Esa noche decidió no dormir y vigilar quién era el que estaba haciendo aquello en su casa. 

Estaba sentada en su sillón cuando sintió un escalofrió y alzó sus ojos y vio como una sombra negra se le acercaba y una voz le decía María Rosa, vente conmigo, acompáñame no te asustes, que vengo por tí.

Era el espíritu de su difunto marido, que la cogió fuertemente de la mano y juntos con las figuritas, que los estaban esperando, empezaron a decorar la casa y el jardín con delicados mosaicos.

A partir de esa noche... Todas las noches... Hay un precioso detalle nuevo en la casa.

Lo curioso es que la casa está abandonada y vacía hace muchos años y no vive nadie en ella. Pero los vecinos de los alrededores dicen que se escuchan ruidos por las noches, y se escucha una canción y parece la voz de una mujer anciana.

¿Será la voz de María Rosa?...


Autor del cuento Juanichi Marin














































Fotografías Inés Matos y Juanichi Marin
Edición fotografía Juanichi Marin
Autor del cuento de María Rosa, Juanichi Marin